No hay nada más errado que eso, porque el hablar en esas lenguas es apenas un indicio de la presencia del Espíritu Santo en la vida de aquel que las pronuncia. El Espíritu Santo no viene sobre nosotros para que hablemos en lenguas, sino para orientarnos, guiarnos, darnos sabiduría, discernimiento y poder. Viene para completar la obra de Dios, iniciada en nosotros por la acción del Señor Jesús al perdonar, salvar y liberar.
Recuerden la parábola de las diez vírgenes, en la que cinco de ellas, insensatas y tontas, no conservaron encendida la llama por falta de aceite, y fueron dejadas afuera... Lea más >
|