Usted cometió un terrible error años atrás y aunque usted no quiera hablar sobre el tema, no puede evitar pensar en ello. Porque está allí en su memoria como una cicatriz. Usted le ha pedido perdón a Dios y no tiene ninguna duda de que Él la ha perdonado. El problema es que, aunque usted diga que ya se perdono así misma, ese pecado siempre regresa.
No importa cuántas veces ore y ni importa cuántas cosas buenas haga, parece que ese pecado sigue pegado en usted. ¿Cuál es el problema? ¿Será que Dios realmente la ha perdonado? La biblia nos enseña que si nos arrepentimos de nuestros pecados, nosotros somos perdonados; no importando que tan malos hayan sido, pues Dios es fiel en perdonarnos.
Sin embargo, hay un proceso que sigue el arrepentimiento de Dios. “Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo” (hechos 3:19). Este versículo nos dice que tenemos que arrepentirnos, reconociendo y dejando la práctica de ese pecado. También nos dice que convertirnos eso significa, que tenemos que regresar de nuevo para arreglar las cosas.
Si usted solamente reconoce su pecado y pide perdón, usted estará solamente completando una parte del proceso del arrepentimiento. Y ésa podría ser la razón por la que usted se siente como si no está totalmente libre de ese pecado. Vaya de nuevo a la persona que usted lastimó y déjele saber que usted está arrepentida. Quién sabe, quizás su pecado no sólo estaba contra una persona pero también contra un grupo de personas, o tal vez hasta contra de la iglesia.
Si usted no regresa y trata de arreglar las cosas usted no será vista como la persona que pide perdón y es más ese error estará allí molestando su conciencia por un largo tiempo. Usted se beneficiará si arregla esa situación. A la gente tal vez no le importe lo que usted hizo o al contrario tal vez hasta se lleguen a enfadar con usted.
Pero por lo menos se alivia de esa carga tan grande para usted y para todos aquellos a quienes les afectaba. En cuanto uno más oculta sus pecados, más oscuro es el lugar en el cual entra. Es oscuro, intimiduoso y la duda es la que más abunda en ese lugar. Llega hasta el punto en el cual usted no puede ni mirar a los ojos de las personas porque siente que ellos pueden ver adentro de usted. Siente como si supieran exactamente lo que usted ha hecho.
Recuerde que el resultado del pecado es la muerte. Imagínese llevando ese peso con usted todos los días y en todo momento. Pero cuando nuestra conciencia está libre de acusaciones, podemos mirar a las personas a los ojos sin miedo de ser quién somos. Allí es cuando finalmente gozamos del perdón de Dios. El pasado permanece en el pasado y podemos comenzar de nuevo sin miedo.
Ya no tenemos que ver hacia atrás, ahora podemos mirar hacia adelante. Pues somos libres de ir hacia lo que deseamos. Somos libres para luchar y exigir nuestros derechos. Somos libres como un pájaro. ¡Y la VERDAD es la que nos ha dado esa libertad!
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