En cuanto el alimento llega a la boca, mientras los dientes hacen el trabajo de masticarlo, las enzimas son producidas en el estómago, preparándolo para recibir el alimento. Allí, después de hecho su trabajo, en el proceso de la digestión, el alimento es llevado al intestino y allí el organismo enviará a la sangre lo que sirve y lo que no sirve será expulsado, desechado. Sin embargo, cuando ingerimos un alimento estropeado, éste hace mal a la salud, produciendo a la persona muchos dolores de cabeza y ganas de vomitar. Es el cuerpo rechazando aquel alimento porque es extraño a él. Vea como todo funciona en la mayor perfección.
Cualquier parte de la naturaleza también funciona así. Hay una organización total y a causa del propio hombre que desorganiza todo es que no podemos disfrutar tanto como quisiéramos de ella, pues realiza experiencias ocultas, estropeando el medioambiente, y, autodestruyéndolo, algo que sólo el ser humano consigue hacer. Cuando alguien no vive dentro de esta armonía que Dios creó, ella automáticamente la destruye. Esto acontece también en la Iglesia. Muchos han puesto en riesgo el bienestar del cuerpo del Señor Jesús a través de sus revueltas y rebeldías. Se sienten amargados por haber supuestamente sufrido injusticias y buscan personas para que apoyen sus revueltas. No están bien espiritualmente y quieren que otros tampoco lo estén. Y así, quiebran la armonía en la Iglesia y la disciplina en el cuerpo.
No adelanta intentar cuidar de los problemáticos, pues saben la verdad y aun así escogen la rebeldía. La única manera de sanar el cuerpo es expulsar tales individuos, pues a través de ellos, muchos se han perdido y abandonado la fe. Así como el cuerpo humano elimina cualquier cuerpo extraño, así también tiene que ser hecho en el cuerpo del Señor Jesús. El cuerpo del Señor es disciplinado. Cuando uno habla amén, todos concuerdan entre sí. No hay distinción, todos son importantes porque forman parte de él. He ahí el secreto de la Iglesia Universal. Crecemos en el mundo entero porque hay un solo espíritu, un sólo cuerpo, una sóla Cabeza. Mientras vivamos dentro de esta disciplina, creceremos. Pero si usted permanece en sus propias opiniones, entonces usted no es hígado y sí un cuerpo extraño.
Hay personas que están en la fila de los hospitales esperando uno trasplante de hígado porque el suyo está estropeado.
Yo me pregunto: ¿Usted quiere ser trasplantado, intercambiado, arrancado a la fuerza? Honestamente, injusticia es permanecer este elemento en nuestro medio contaminando todo el cuerpo. Nuestra obligación es expulsarlo, denunciarlo, llamar al responsable y hablar. Vea que lo que hace mal es lo que está dentro y no lo que está fuera. Nuestros enemigos están dentro de la propia casa, que salen de nuestro medio y se unen a los impíos para perseguirnos. Están sentados a nuestro lado, oyendo las palabras que hemos oído. Son la cizaña en medio del trigo
Ahora, si Dios es tan organizado y disciplinado, ¿por que algunos de su hijos no lo son y aún rechazan la disciplina? La única conclusión que sacamos es que en verdad no son hijos. Los hijos de Dios aman la disciplina y la organización así como Él la ama.
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